HIPERBÓREA Y ATLÁNTIDA

En el “Critias” y en el “Timeo”, Platón nos cuenta que tres hermanas guardaban el jardín de las Hespérides, una negra, una blanca y otra roja. El jardín estaba en la Atlántida.Negro, blanco y rojo son colores alquímicos, la Alquimia viene de la Atlántida. En el “Timeo” se dice esta misteriosa frase: “Uno, dos, tres, pero ¿dónde está el cuarto?

También en Montségur se escapan cuatro caballeros con el tesoro, con el Gral; únicamente los nombres de tres se conocen. ¿Dónde está el cuarto? En el proceso alquímico hay un color amarillo que queda entre el blanco y el rojo y que viene a ser en verdad el mismo blanco o el rojo; es el estado de indecisión. De este modo, el tercero es el cuarto. Lo que habría entonces que buscar es el quinto, la Piedra Filosofal, la Quintaesencia, el Gral.

¿Qué color tiene el quinto? Tal vez azul, color que los Reyes atlánticos usaban en sus ceremonias sacras, en recuerdo (minne) de algo o alguien perdido, que ya se fue, que ya no poseen más, que ya no está allí. “¿Dónde se hallaba ese azul, era raza azul, esa raza azul, de seres azules?”En la Tule de Hiperbórea quizá en Venus.

Según Jurgen Spanuth, en su obra “Atlantis”, el continente desaparecido, la tierra de los arios, se encontraría por donde hoy se sitúa Heligoland, en el mar del norte, y no en las Antillas, ni en las Canarias. Se habría sumergido definitivamente 1.300 años antes de nuestra era.

Platón nos dice que desde la Atlántida se alcanzaba “al continente que se encuentra al otro lado del mar”. Es decir nuestra América del Sur, porque ésta fue también Atlante.

Hércules, nombre latinizado de Heracles, va a robar las manzanas de oro al Jardín de las Hespérides y lucha con el gigante Anteo. Este último puede ser apelativo genérico, tal vez para toda una raza o comunidad. Allí donde se encuentra el radical an, de Anteo, estuvo la Atlántida, según Charpentier, se halló, entonces en los Andes, en las Antillas, en Andalucía. Tras el hundimiento, nada perdura, salvo el recuerdo de un gigante, que puede haber sido un héroe, o un dios. Lo recuerdan los lugares, en las tierras de Europa resurgidas de las aguas. Gigante también tiene el radical de atlante.

Leyendas antiquísimas nos hablan de Hiperbórea, un continente habitado por gigantes, por una comunidad de Superhombres, situado en el  más lejano norte polar, con una ciudad “como de vidrio transparente”. La piel blanca de esos seres era casi azul, sus cabellos de oro pálido, “como de lana”. Las mujeres Hiperbóreas, de belleza divina, fueron sacerdotisas- magas, pudiendo comunicarse con los más lejanos mundos  celestes gracias al órgano espiritual, o energía, llamado Vril (Hvareno, ese Mana con el que se levitaron los moai de la isla de Pascua). Cultivaban el Amor Mágico.

Hiperbórea se habría conectado con todos los demás continentes, ocupando las regiones árticas, antes de la modificación del Eje Terrestre, la que produjo la segunda glaciación universal. Islandia, Groenlandia y Spitzberger serían vestigios de ese fabuloso continente. La Atlántida habría sido una especie de península, una prolongación que permitía la unión directa de Hiperbórea con la hoy llamada América. De ahí las menciones a Tula o Tule por los toltecas, olmecas y los mayas, que decían proceder de Tule.

Algunos han pensado que hiperbórea y la Atlántida eran un mismo continente, localizando la Atlántida de Platón en las regiones árticas actuales.

El alquimista islandés del siglo XVI, Ame Saknussem, lo habría creído así, según escribe Serge Hutin, considerando a Islandia un resto del continente desaparecido. Afirmaba que los cataclismos que hundieron aquel mundo mezclaron todas las tierras convulsionadas, de modo que el único sitio en donde se pondría encontrar hoy ruinas de aquel mundo sería en el centro de la tierra.

El enorme continente existió aun durante la glaciación prehistórica del cuaternario, al otro lado de los grandes glaciares Europeos, cuyos imponentes restos eran visibles al comienzo de los tiempos históricos. Estas serían “las paredes como de vidrio” que nos refieren los antiguos, la gigantesca muralla. Los viajeros del 4500 antes de nuestra era podrían contemplar estos restos del tiempo glacial, “más acá del dios Borea”. Según los caldeos, hiperbórea se podía alcanzar únicamente por un túnel secreto en el hielo que llegaba hasta el Eufrates.

Los glaciares se funden rápidamente después del Cuarto Milenario y un océano de lodo que impide todo contacto con Hiperbórea, sumergida en la catástrofe. Sobreviven los islotes de Islandia y Groenlandia, donde algunos Hiperbóreos se refugian, así como la “Isla de los Muertos”, Albión, la Blanca. Monjes Irlandeses vistan los dos primeros en la Edad Media y los encuentran desiertos. Sólo descubren restos del Cordón Dorado en las Sagas de los Edda. También los vikingos hallan las islas deshabitadas.

” EL  CORDÓN DORADO “

DON MIGUEL SERRANO

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